Testimonios Canoeros

"Testimonio de Enrique Moreno González"

Mayo 2011 - Canoa 10 - Xcaret

Llegó la madrugada del 20 de mayo. Mientras me ponía el atuendo y me pintaba, veía a los lejos a mi hija sonriendo, preparándose con su equipo. Sentía un gran orgullo por ella y por pertenecer a ese grupo de canoeros que estábamos dispuestos a enfrentar una hazaña que muy pocos tienen la oportunidad de hacer. Pensaba si mi hija lo podría lograr. La preocupación por ella y la ilusión tan grande de hacerla juntos eran sentimientos encontrados. Sentía el viento en mi cuerpo y al ver la luna en lo alto y las olas chocando en la costa, me estremecí al pensar que lo que estábamos a punto de hacer sería realmente difícil.

Nos tomamos de las manos y oramos, levantamos la vista al cielo pidiendo protección y elevando nuestras oraciones cerramos con un grito, caminando hacia nuestras canoas.

Al momento de entrar al mar, las olas golpearon con toda su fuerza la pequeña canoa y supimos lo que nos esperaba. Las olas tan altas, la corriente y viento en contra durante tanto tiempo estaban superando nuestra preparación. La desesperación por no llegar, el cansancio y un par de vuelcos nos dejaron casi fuera. Sólo el corazón de cada uno y el trabajo en equipo nos permitieron tomar rumbo de nuevo. De pronto vimos una canoa a los lejos pidiendo apoyo. El Timonel comentó, "Nos sacará de ruta y perderemos una hora si vamos a ayudarlos, ¿qué opinan?” Decidímos ir por ellos, los vimos realmente desesperados pues no tenían achicadores. Los apoyamos y enfilamos hacia la Isla. En efecto perdimos tiempo pero habíamos hecho lo correcto. Después de 8 largas horas, al fin llegamos.

Al bajar de la canoa lo primero que hice fue buscar a mi hija, no sabía nada de ella. Caminé por el difícil puente y me di cuenta que estaban llegando. Nos acercamos y en un abrazo con lágrimas en los ojos y un agotamiento total, nos dijimos todo.

Leí una frase de un compañero canoero que dice: "Cuando el espíritu controla a la mente y al cuerpo, rompes tus límites" y es totalmente cierto.

Para ti Cecilia, Diana, Emilio y María.
Por supuesto para mi ángel, mi otro guerrero, por ti Daniel.
Bien hecho, Jorge.
Gracias, Martha Galván.

Hasta siempre:
Enrique Moreno

“Testimonio de Diana Moreno”

Mayo 2011 - Canoa 29 - Sede Cancún

La Travesía Sagrada Maya ha sido una experiencia única, inolvidable y melancólica. Una experiencia en donde se unen vivos y muertos mediante la fuerza de la naturaleza, en donde la mente demuestra ser más fuerte que el cuerpo y el espíritu se hace presente en cada uno de los tumbos.

Hace un año fui observadora, esperé a mi papá en la llegada a Cozumel y al momento en que cruzaron nuestras miradas, encontré a un guerrero de vida que enseña con el ejemplo a todos y cada uno de sus hijos.

En 2011 decidí participar y en cada uno de los entrenamientos me hacía un poquito más fuerte, la mente se aclaraba y el corazón encontraba paz. Crucé con el hombre que me dio la vida y me hizo ser quien soy, mi papá; con el hombre que, a su muerte, me enseñó a vivir, mi hermano y con el hombre que me enseñó a amar, mi esposo.

¡Fue un placer ser parte de algo tan grande!
¡Gracias y saludos!
Diana Moreno

"Mi experiencia"

Mi experiencia en la Travesía ha sido algo fantástico y místico. Cuando escuché sobre esto la primera vez no le di tanta importancia; tuvieron que pasar algunos años para que yo me interesara; sentí una especie de llamado, pero no crean que del más allá o hacia lo desconocido, simplemente fui atraido por el contexto prehispánico y por la importancia de rescatar nuestras tradiciones. En cuanto empecé a averiguar en que consistía esta travesía, me empecé a llenar de entusiasmo y del gusanito de querer enfrentar el reto.

Me parecía un reto extremo, lleno de peligro y dificultad. Pensé, “si alguien ya lo hizo, pues yo también puedo”. Entonces, me inscribí y no tardaron en hablarme para empezar a entrenar. El primer día fue algo único. Llegaron varios chavos y chicas también con ese entusiasmo y nerviosismo de la primera vez. Algunos que ya tenían experiencias anteriores llegaron como viejos lobos de mar, exaltando sus vivencias y recordando viejas travesías, excluyéndonos de su plática por ser los nuevos, “los novatos“. Mi primera travesía la hice en 2010 y pude realizar mis metas, tanto deportivas como de resistencia.

Después de mi primera travesía, se apagó el gusanito que me impulsó a terminarla. Pude ver lo fuerte que era el ver realizada mi meta. Me sentí orgulloso y tremendamente fuerte y realizado, pero, ahí no acabó todo.

Con el paso de los días me di cuenta que algo en mi había cambiado, algo que no podía verse físicamente; no sabía bien qué era, pero me sentía extraño, más sensible y más fuerte en un plano que yo desconocía. Y fue cuando me di cuenta que estaba comenzando a realizar una travesía al lugar más remoto y desconocido que pueda existir en el Universo: nuestro interior.

¡Estaba yo parado en la puerta de ese inframundo que nos mencionan los códices mayas, y es ahora cuando lo estaba sintiendo y viviendo! ¡Era sorprendente! Lo veía tan claramente, se veía tan a la mano, lo puedes oler, palpar, sentir; es extraño, pero cierto y misterioso.

A lo largo del siguiente año, esperé con ánimo la siguiente travesía. Ya no me interesaba competir, ni ser el más fuerte, ni nada de eso. Ahora me interesaban las cosas más insignificantes; escuchar el sonido del agua cuando es golpeada con el remo, escuchar el sonido del viento en contra; sentir el balanceo de la canoa, la corriente en el remo; contemplar el cielo, el mar, llenarme de toda esa naturaleza que estuvo frente a mí siempre y nunca había notado y mucho menos disfrutado.

Estaba estrenando mis sentidos, esos sentidos que estuvieron mucho tiempo sordos, mudos, ciegos, sin captar el maravilloso mundo que existe para nosotros. Fue entonces cuando desperté para contemplar ese Universo y poderlo compartir con los nuevos chicos que empezaron a llegar cada día a sus primeros entrenamientos.

Ahora soy Timonel y mi hermosa compañera de toda la vida es mi Proel, y desde el primer día, la primera indicación fue disfrutar de este increíble mundo que nos rodea. En mi canoa todos aprendemos juntos. Nadie es experto, somos aprendices en esta vida… ¡No hay tiempo para más!

Hemos vivido experiencias lindas llenas de emoción, concentración, encanto y cansancio. Todo eso nos ha servido de entrenamiento para poder enfrentarnos a nuestro propio mundo espiritual, físico y mental. Todos somos un fantástico equipo lleno de magia y compartimos la sabiduría y enseñanza que nos muestra nuestro planeta, con ese lindo pretexto para hacerlo todo… para realizar la Travesía Sagrada Maya.

Miguel Ángel Martínez
Músico
Cozumel

"Si lo puedes soñar, lo puedes lograr"

Walt Disney / Karl Lalanne Kersten.

¡Sí se puede! Sí, sí se puede lograr el sueño de cruzar el Mar Caribe de Xcaret a Cozumel de ida y vuelta. Esencialmente se puede hacer, entrenando el cuerpo, la mente y el espíritu.

Para ello se requiere motivación, liderazgo y trabajo en equipo.

Fueron seis horas y media de ida, y cuatro horas cuarenta minutos de regreso, cerca de 26 kilómetros de costa a costa y entrenamientos de 7 a 9 de la mañana de enero a mayo de 2010.

Los días 21 y 22 de mayo despertamos a las 2:30 de la mañana para estar listos a las 4:00, vestirnos a la usanza de los Mayas, (las mujeres con Huipil y los hombres con Taparrabo) y lanzarnos al mar, al amanecer, en punto de las 6:00 a.m.

El viernes 21 de mayo fue un día difícil. En la madrugada estaba lloviendo, se escuchaban las olas golpeando la playa; se veían los rayos que irrumpían la obscuridad del mar rumbo a Cozumel. Nos lanzamos a remar, con mucho entusiasmo y algo de nerviosismo. De pronto nos dijeron que había la posibilidad de que no cruzaríamos pues las condiciones climáticas parecían riesgosas. Esta noticia nos desilusionó por un momento; nos habíamos preparado por varios meses para la prueba final y sería frustrante no lograrlo. Con el espíritu en alto dijimos, “pues hasta donde podamos nosotros remaremos” y seguimos remando.

Nos proyectamos hacia el mar y seguimos. Había olas muy altas, quizás de 3 o 4 metros de altura. Nuestra proel decía, “ahí viene una ola, clava el remo, clava el remo”. Continuamos a pesar de nuestro diálogo interno, preguntándonos, “¿qué necesidad tengo de meterme en esto”?, además con callos en las manos y dolor en los músculos después de varias horas de remar. Persistimos hasta obtener nuestro regalo: el arribo a la Isla de Cozumel y el autodominio a lo largo de esta travesía, cuyo motivo espiritual es venerar a la diosa Ixchel.

El sábado 22 de mayo fue un día hermoso que nos sonrió con un hermoso arcoiris. El día estaba muy lindo, remamos juntos con alegría, disfrutando cada remada y así seguimos. A la mitad del cruce, las olas eran de 3 o cuatro metros. Nos comenzamos a cansar, sin embargo elevamos nuestro espíritu cantando.

Estoy convencido de que “el que canta, a sus males espanta”. Momentos más tarde, hubo un par de discusiones, creo que debidas al cansancio y sobre todo, por las callosidades de nuestras manos. Por fin llegamos a la playa para cerrar el ciclo con el cuerpo dolido y el espíritu levantado.

Este relato me lleva a hablarles de tres temas muy importantes: La motivación, el liderazgo y el trabajo en equipo.

1. La Travesía Sagrada Maya requiere MOTIVACIÓN, voluntad, interés. Se requiere de un motivo, como nos muestra el Libro de Víctor Frankl parafraseando a una cita de F. Nietzsche: ¨Si tienes un por qué, encuentras el cómo¨. Lo importante es entrenar, persistir, trabajar, hasta alcanzar la meta. Hasta despertar al guerrero que tenemos dentro.

2. La Travesía Sagrada Maya requiere LIDERAZGO; el timonel exige al equipo para que exista entusiasmo en el logro del objetivo.

3. La Travesía Sagrada Maya exige compañerismo y TRABAJO EN EQUIPO, enardecimiento para lograr la meta y la armonía para remar juntos y en la misma dirección.

Finalmente quiero compartirles que el secreto del éxito radica en la persistencia por la meta y la victoria más grande e importante es el conquistarse a uno mismo.

Los Canoeros mantuvimos la motivación personal, el liderazgo de nuestro timonel y en cada canoa trabajamos en equipo, para realizar esta peregrinación y venerar a la diosa madre de la cultura ancestral maya, la diosa Ixchel.


Los invito a realizar la Travesía Sagrada Maya para medir su Disciplina, Actitud, Fe, Tenacidad, Perseverancia y su Fuerza Interior.

Respetuosamente:
Karl Lalanne Kersten

"La Travesía se la dediqué a mi madre"

Omar Levi González Roblero.

La Travesía Sagrada Maya ha sido la experiencia más emocionante de mi vida; me siento feliz, tan contento de haber revivido esta cultura tan importante que es la cultura Maya.

Aprendí muchas cosas. La Travesía se la dediqué a mi madre que fue asesinada el 4 de julio de 1999. Me sentía solo extrañándola, pero ahora sé que está conmigo y que mi amor por ella es más grande que el océano, más fuerte que las aguas agitadas entre Xcaret y Cozumel…

Autor:
Omar Levi